¿Ya leíste Don Quijote? Comentarios a los caps. XVIII a XXVI. Parte I

yangueses-y-don-quijote-en-la-ilustracion-espanola

Por: Cristian Arias

La certeza de una narrativa revolucionaria

En estos capítulos Cervantes nos está develando la seguridad de que está creando una obra maestra que revolucionará las formas de creación literaria y los hábitos de lectura a partir su aparición. La voz de Cervantes es la voz del Quijote quien, sabedor ya de su condición de personaje literario, anuncia que su historia está siendo escrita para la gloria de su fama postrera, convencido de que sus hazañas desbancarán a todas las perpetuadas por anteriores caballeros y príncipes. Sabe, por ejemplo, que El Sabio que lo está creando lo hará, sin problema, descendiente de reyes para que su destino se cumpla. Esta seguridad de su grandeza hace que anuncie que en la Sierra Morena realizará “una hazaña con que he de ganar perpetuo nombre y fama en todo lo descubierto de la tierra; y será tal, que he de echar con ella el sello a todo aquello que puede hacer perfecto y famoso a un andante caballero”. La certeza del Quijote es la misma de Cervantes que predice la gloriosa acogida que su obra tendrá; que sospecha de la revolución que producirán, ya no sólo el desnudar y ridiculizar los inexpugnables libros de caballería, sino sobre todo, las nuevas formas de interacción textual manifiestas en los novedosos recursos y estilos narrativos que quedarán instaurados a partir de ahora. La certeza de Cervantes es la del Quijote que nos recuerda que su historia es el desenvolvimiento del libro de caballeros más famoso de la historia. Ambos, héroe y Sabio, han alcanzado la fama y la gloria para la posteridad.

Señalaremos algunos recursos y técnicas narrativas:

La creación de una gama de tonos o ambientes que se entremezclan con las acciones de los personajes, con las descripciones del paisaje y con la polifonía de las diferentes voces.

La incursión de un lector activo que debe reflexionar e interpretar los hechos.

Las digresiones, como posibilidades narrativas que nos permiten reflexionar acerca de la estructura del relato. Estas se evidencian en la historia que Sancho cuenta repitiendo las palabras dos veces o cuando dice que sino cuenta las 300 cabras no puede proseguir el relato; se evidencia en la negativa de El Roto de no continuar el relato si es interrumpido. Finalmente estos narradores, y también Cervantes, han cumplido lo que prometieron: no continuaron sus historias; o tal vez la contarán en otra ocasión, en el momento menos esperado. No sabemos que nos depara el relato. Esto nos enseña que la estructura no tiene que ser lineal, sino que podemos jugar con los tiempos, ir y venir. Pero esto también nos recuerda la arbitrariedad de quien escribe como de quien cuenta: que uno puede acabar la historia cuando quiera, uno puede borrar, poner y quitar, uno puede modificar los hechos, como lo hacen los historiadores que quitan o ponen cuanto quieren o les conviene.

Al parecer, estas formas narrativas nos están anunciando que las venideras lecturas y escrituras, como actos sociales, ya no serán las mismas o al menos no tendrán que serlo; ya se puede transgredir la norma.

Todos estos logros han de decir a Cervantes como a Don Quijote:

“Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en este en que me hallo tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más claras que ellos ficieron.”

 La libertad de interpretación textual

A partir de la discusión de si la reina Madásima se amancebó o no con el cirujano Elisabat, el autor quiere retomar el tema de la verdad histórica. Y lo hace a través de las opiniones de Cardenio, El Quijote y el mismo Sancho. La interpretación de la lectura de Cardenio es que sí hubo amancebamiento; la del Quijote es que no lo hubo; y Sancho, que no leyó, opina a través del sentido común que cada cual piense lo que quiera. Esa última voz es quizás la que importa: la libertad de interpretación textual, como la que estarán haciendo quienes van leyendo las aventuras del Quijote de la Mancha.  Así lo resume Sancho: Y muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Más, ¿quién puede poner puertas al campo? Cuanto más, que de Dios dijeron.

La bacía o Yelmo de Mambrino es otro ejemplo de la libre representación. Como dice El Quijote: “y así, eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa.” Cada uno entonces ve la realidad a su manera, el texto a su manera.

Lo mismo aplica para la representación de Dulcinea, cuando don Quijote le dice a Sancho que en los libros románticos famosos, la belleza de las damas es imaginada, es una invención; así, las Dianas, Galateas o Alidas son una ilusión del escritor. “Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del linaje importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo.

Y aquí anota un punto importante, ya que se acerca a la idea del lector inteligente: “Y diga cada uno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los ignorantes, no seré castigado de los rigurosos.”

Exposición de la miseria humana

El espectáculo de tristeza y desazón: el amo golpeado, vapuleado, fuera de sí, sin dientes, vomitado, sucio, hambriento, solo, y Sancho debatido entre la credulidad y la desesperanza, sucio, decepcionado, ultrajado, humillado, perdido y ahora tirado en el suelo, socorriendo a su amo en medio de los vómitos mutuos. El resumen de la condición del Quijote la da el mismo Sancho cuando le explica por qué le ha llamado El Caballero de la Triste figura.

Tantas cosas se pueden hacer con el relato, que el autor nos puede mostrar el dolor a través de esas estrategias: hacer que el quijote soporte el dolor más terrible, el hambre más terrible, las sed, hacer que no duerma, y que vea en estos padecimientos el cumplimiento de su destino. Esto es en cierta forma algo criminal.

Una sátira profunda a la figura de la bondad de Dios:

El quijote le habla a Sancho de Dios en los siguientes episodios, en medio de tanto dolor, hambre y humillación.

“Mas, con todo esto, sube en tu jumento, Sancho el bueno, y vente tras mí; que Dios, que es proveedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, y más andando tan en su servicio como andamos, pues no falta a los mosquitos del aire, ni a los gusanillos de la tierra, ni a los renacuajos del agua; y es tan piadoso que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y llueve sobre los injustos y justos.”

Más adelante, dan cuenta del causante de la muerte del caballero muerto en la litera:

-¿Y quién le mató? -preguntó don Quijote.

-Dios, por medio de unas calenturas pestilentes que le dieron -respondió el bachiller.

-Desa suerte -dijo don Quijote-, quitado me ha Nuestro Señor del trabajo que había de tomar en vengar su muerte si otro alguno le hubiera muerto; pero, habiéndole muerto quien le mató, no hay sino callar y encoger los hombros, porque lo mesmo hiciera si a mí mismo me matara.

La dicotomía entre el Quijote y Sancho a través del lenguaje:

El narrador pone en Sancho la jerga popular, el lenguaje de la gente del común, las palabras del país. Eso no sucede en don Quijote, pues éste maneja un léxico mejor elaborado, más culto y sobretodo convincente y disuasivo. Pero también es el lenguaje poético de don Quijote cuando dice, por ejemplo: “Pues así es, Sancho, que Rocinante no puede moverse, yo soy contento de esperar a que ría el alba, aunque yo llore lo que ella tardare en venir.”

Anuncios

¿Ya leíste Don Quijote? Comentarios a los caps. IX a XVII

paisajes mexicanos oleo, jesus helguera, don quijote y sancho panza

 

 Por: Cristian Arias

A partir del capítulo IX se continúa la narración sobre las aventuras de Don Quijote partiendo ahora de las crónicas del historiador árabe Cide Hamete Benengeli, uno de los tantos que ha escrito sobre este caballero andante. Nuestro narrador se encargará pues, de transcribir fielmente la traducción de esta crónica arábiga tal como lo hizo en los capítulos anteriores cuando, basado principalmente en los documentos encontrados en los Anales de la Mancha, transmitió la información encontrada. En estos capítulos se narran diversos episodios, todos sucedidos en diversos espacios geográficos a medida que los protagonistas recorren diversas localidades en busca de sus aventuras. Primeramente, se cuenta la batalla de Don Quijote con el vizcaíno que finaliza con el triunfo del hidalgo manchego y el perdón que éste le concede al vencido. El siguiente capítulo narra la conversación que mantiene Don Quijote y Sancho mientras se encaminan en busca de un techo donde poder resguardarse. Luego se cuenta el recibimiento y buena acogida que les hicieron unos cabreros, en cuya tienda pasaron la noche para luego continuar su camino. La aventura que viven al día siguiente corresponde a la historia contada por uno de los cabreros, cuyo final quieren presenciar: se trata del entierro de Crisóstomo, muerto de amor por la pastora Marcela. En el camino hacia la montaña donde se hará el entierro, Don Quijote explica a un viajero sus virtudes de caballero andante y responde a los cuestionamientos que éste hace a ciertas acciones y dichos de los caballeros, narrados en las historias de aventuras. Frente a la tumba del enamorado se lee uno de los poemas que Crisóstomo había escrito a Marcela antes de morir, el cual desnuda el desespero y los celos imaginados del amante que dejan en entredicho la dignidad de Marcela. Pero esta aparece ante todos los presentes para afirmar su inocencia por la muerte ajena y reclamar su dignidad como mujer. Los siguientes episodios narran, por un lado, la paliza recibida por nuestros personajes de manos de unos arrieros gallegos, paliza de la cual ahora hará parte Rocinante, causante de todo este inesperado episodio al querer buscar aventuras amorosas. Los capítulos XVI y XVII narran la desdichada aventura que tuvieron Don Quijote y Sancho en la venta donde esa noche se hospedaron, de la cual salieron doblemente golpeados y ultrajados. Sin embargo, nuestros personajes continuarán su camino en busca de más aventuras, con la convicción de que estos entuertos hacen parte integral de la vida de todo caballero andante, de su escudero y de su flaco rocín.

De  los variados temas que podríamos traer a colación al respecto de las anécdotas acontecidas en estos nueve capítulos, quisiera resaltar dos aspectos que me han resultado de interés. El primero corresponde al desarrollo de las personalidades de los dos personajes principales y la relación que van consolidando. Por un lado, Don Quijote continúa imbuido en su mundo fantástico del cual dependen sus acciones concretas en la vida. La réplica cotidiana que hace de todo lo que ha leído lo convierte socialmente en un loco, pese a su sobrada inteligencia y muestra de conocimientos eruditos. Sancho Panza no es sólo el campesino rústico, analfabeto y poco higiénico: es el hombre común y corriente, que se nos presenta tal cual como podría ser el lector, temeroso, hambriento, socarrón, interesado en suplir sus más inmediatas necesidades y egoísmos. Su mundo se debate entre lo concreto y real y la fantasía ofrecida; entre la cautela y el atrevimiento; entre el interés personal y la fidelidad. Si bien reniega de todo aquello que no le place de su amo y es tan práctico que sabe, por ejemplo, que los puede detener la justicia por haber herido al vizcaíno o que se van quedar sin comida pronto y desea encontrar un sosiego en su nueva condición de escudero al recibir los premios prometidos, no renuncia  por ello a secundar, defender y promocionar las locuras de Don Quijote, las cuales toma por verdades irrefutables. Pero estos personajes seguirán enriqueciéndose y mostrándonos otras facetas a medida que avanza la historia.

Un segundo aspecto de interés da cuenta de algunos tópicos que se abordan en la historia, a los cuales llamaré valores de una narrativa revolucionaria. Por un lado, el narrador devela la comunidad que se teje en la historia, tanto en los ofrecimientos de igualdad y hermandad que Don Quijote hace a Sancho en diversos momentos, como en la fraternidad que muestran los cabreros al ofrecer un sencillo banquete a los manchegos. De otra parte, vemos la intención del narrador de convertir lo cotidiano, lo llano y corriente en el hilo conductor del relato. Desde las osadas quimeras de Don Quijote hasta los malos hábitos de Sancho, pasando por los más livianos episodios como aquel trato de Maritornes al arriero de Arévalo al cual prometió que iría en la noche “a yacer con él una buena pieza”, el relato es el espejo de lo humano, de lo real y verosímil. El narrador de esta historia, ya no el historiador árabe, aprovecha para hacer un llamado a los historiadores que no cuentan la historia de ese micromundo de la cotidianidad, de la vida privada, sino que van a lo general, omitiendo “lo más sustancial de la obra”. Y en este orden de ideas, vemos que quienes protagonizan estos hechos no son la élite exquisita sino los campesinos. Nos adentramos en un universo que nos muestra que las pasiones y amores, que los talentos y el arte más puros también existen entre la clase social desfavorecida, como lo demuestran las canciones de amor del cabrero. Hasta Rocinante es ahora un personaje que ha demostrado una baja pasión cobrada con creces. Finalmente, las palabras de Marcela parecen dar una nueva voz a la mujer. Siendo juzgada por la muerte de Crisóstomo, sale ante todos para aclarar que si bien ella es bella y su hermosura hace que los demás la amen, ella no está obligada a amar a quien la ama, pues no tiene que ser el amor correspondido. “el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso”. Además, al  sostener que nunca correspondió al deseo del enamorado, ella no es culpable que el deseo se sustente con esperanzas. Y finaliza preguntando que si hubiese nacido fea, “¿fuera justo que me quejara de ustedes sino me amaran?” Las palabras de Marcela, son un claro llamado al respeto a la condición femenina, a la dignidad de la mujer, al manifestarse contra la objetivación a capricho del hombre. La mujer aparece ahora como un sujeto pensante que puede hacer cambiar la mirada hacia lo bello: A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras.” La vida cotidiana de los de abajo y todos sus pormenores aquí mencionados se yerguen como la antítesis de los libros de caballeros andantes, en boga aún en la época en que apareció Don Quijote de la Mancha, lo cual anticipa una suerte de revolución literaria.